...de pronto entendí que ya no nos queda nada. Es que la búsqueda de la verdad nunca empezó; nos han heredado páginas en blanco, semillas muertas, tazas de café tan frío y tan vacías.
Y de ninguna parte volvimos, con el cansancio del hombre en las manos, con la ilusión del niño en la sombra, con la tristeza del mundo en los ojos.
En algún camino abandonamos las palabras, tan absurdas, sin sentido. Uno a uno fuimos perdiendo los motivos y entre tanto vacío nos sentamos junto a la melancolía, y nos quedamos dormidos, abrazando nuestras sombras.
1 comentario:
aún así los niños son demasiado duros para apreciar cualquier cosa, recuerdo la expresión impasible de mi prima en el velorio de mi abuelo porque no podía comprender la muerte. La vida nos enseña a comprender todas esas cosas, pero en ese aprendizaje te deja marcado y lleno de cicatrices y ese dolor que es conocer tambien es lo que te hace abrazar las luces, la vida solo hace eso, nos divide el espíritu para comprender ambas partes.
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