diciembre 14, 2010

Barcelona 2010

No importa cuantas veces se repita.  No se aprende a decir adiós.
Cada vez es igual de difícil que la anterior, que todas y que ninguna.

No vale la pena resistirse al nudo de la garganta; si no se deja ser en ese momento, será después, cuando ya a nadie le importa.

Es inútil pretender decir las palabras correctas.  En general, sólo se acierta a repetir, a tartamudear.
A veces es mejor no decir nada y llenar ese estúpido silencio con un fuerte abrazo, de esos que incluso duelen.

Pero hay que saber soltar.  Dejar ir.  Esa es la parte más difícil.
Saber que se dice adiós, entenderlo, aceptarlo.

No es lo mismo decir adiós que despedirse...  no lo es.

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