junio 26, 2011

Diario de olvidos: día uno.

El avión increíblemente pequeño, el vuelo desmesuradamente largo, los asientos tan incómodos.
Pero el truco es saber apreciar los detallitos: la señora del asiento de al lado (no nos dijimos nuestros nombres pero platicamos todo el vuelo) resulta que es Filósofa, que agradable coincidencia.
Y en la cola de aduana, me hace plática un señor, que resulta ser catedrático Historiador de las Ideas en la Humboldt, en Berlín y termina invitándome a que vaya de oyente si algún día paso por Berlín. "Hecho", le dije y sonrió.

El primer desayunito en Tres Marías, con Rich, en una mesita con sol, un café de olla delicioso. Un viejito con una guitarra cantando canciones de Cri-Cri me enterneció. Sólo llevaba cuatro pesos en monedas, así que se los dí y le dije que canta muy bonito, "gracias señorita" también sonriendo, me dijo.
Luego a casa, que no conocía pero que mis papás y mi hermana la han dejado bien bonita. Mi mamá tenía la puerta abierta y se escondió detras de la barra de la cocina, cuando entramos pegó un grito y nos asustó, se moría de risa.

Tour por la casa y segundo desayuno: chilaquiles bien picantes y otro café. Vino Fer, se le sirvieron sus chilaquiles y nos quedamos platicando un ratito. Luego cada quien se fue a sus múltiples actividades.
Me quedé sola en la casa y se me acercó un gato, creo que se llama Tlacomoni, está bonito y se acomodó junto a mi en el sofá y nos dormimos media hora.

A las dos y media vino Rich, nos fuimos a su casa y ahí nos quedamos hasta las dos de la mañana, entre risas, tequilas, taquitos, gente que hace tantos años que no veía. Petit comité, pero que calidad.
La madre naturaleza también quizo recibirme y se lució con una tormenta eléctrica de película.
Los gatos me hicieron una broma pesada, usaron mi ropa recién desempacada de baño... pero fuera de eso, el día uno, excelente.

Gracias amigos!

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