El plan era ir al centro con Diego, pero mi mamá me recordó que había comida familiar, así que carretera con lluvia y a las tres ya estaba en casa.
Muchas risas con los tíos y las primas.
En la noche, repaso de olvidos y recuerdos de la infancia y adolescencia.
Hace tiempo que no reía con tantas ganas.
Pacto de borrachos a las tres de la mañana, por ahí hay una foto y un testigo.
Cansada de reír y con la sonrisa puesta, me fui a dormir.
Día ocho: feliz.
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