Lunes y martes sin mucha novedad.
Lo más característico: mi hermana me enseñó a tejer. Estoy haciendo una bufanda no muy prometedora, pero bueno, la práctica hace al maestro.
Un reencuentro y unas chelas con plática intelectual, o al menos lo intentamos. Recuerdo y entiendo aquellos tiempos.
Miércoles, uno de los mejores días de estas vacaciones. El tiempo no existe. Sigo con la sonrisa por verlos reír de nuestras vidas. Me siento cubierta por cada abrazo, protegida.
Una mesa larga, llena de historias de las que he tenido suerte de ser parte. Llena de amigos.
Me siento feliz.
Días del diecisiete al veinte: tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio... y coincidir.
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