México Distrito Federal el miércoles y otra vez el viernes. No deja de sorprenderme la gente de la gran ciudad; hacer y deshacer entre tanto coche y calle y puente peatonal, con tanto calor y dos horas después lluvia tropical, donde lo que está cerca sigue estando lejos pero encuentras lo que quieres a la vuelta de la esquina. Me sigue pareciendo casi heroica la rutina del ciudadano promedio.
Más heroica la vida de Doña Dolores Martínez Le-Clanche de González, mi abuelita, que a sus noventa y seis años todavía me preparó una paella, me acompañó con varias copas de un vino chileno y abrió el baúl de sus recuerdos y olvidos para compartirlos a la hora del postre y el café.
Después de la lluvia me divertí bastante con "lo que vino a ser" la cena del viernes. Me gustó conocer y reconocer nuevas caras, ser recibida en otras guaridas y terminar riendo de cansancio, o cansada de tanto reír, ya no se como fue, era tarde.
Estos últimos días los comparten el sol y la lluvia; los disfruto mucho.
Días doce, trece y catorce: sorprendente orden dentro del caos.
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